reseña de Prueba

La existencia y el no ser
En el momento en que Joe Gardner muere se encuentra con un plano extraño que sustituye las concepciones religiosas de la muerte. Aquí no existe el cielo o el infierno. La muerte es, tal cual, un solo fenómeno que implica a todas las personas que lo hacen.

n medio de Nueva York, en donde el jazz es parte del paisaje, como también lo son las pizzas y los grafitis, la vida cotidiana es un extraño para el ojo de la cultura pop, que solo conoce sus grandes historias, ya sean las de miseria o las de grandeza. Soul, la nueva película de Disney Pixar, se adentra en ese mundo y lo revierte en uno en donde, con tropiezos, busca darle un sentido a esas vidas que se pasean por el metro como sombras, entre una fábula de la vida y un cuestionamiento de la identidad.

Soul nos lleva por la vida Jeo Gardener, un maestro de música de secundaria con sueños frustrados en la escena jazz (como todos los músicos de jazz, para ser honestos) que consigue el gig (tocada, diría tu tío) de su vida en el club nocturno de mayor renombre de Nueva York.

Mientras camina eludiendo todas las trampas que una ciudad puede tener, entre la obra pública, el tránsito y las conglomeraciones, Joe muere y pierde, ahora sí, el que era su sueño de toda la vida desde que descubrió el jazz.

Al morir, Joe descubre que existen dos planos alternativos dentro de lo que se puede considerar el “más allá”. Un lugar a donde van los muertos y otro donde están los no vivos. En su intento por regresar a tener su presentación, termina yendo a este mundo de los “pre-vivos” donde conoce a 22, un alma que no ha encontrado la forma de irse hacia la Tierra.

Esa es la premisa de Soul. Otro mundo burocratizado de algún plano existencial intangible o fantástico, como lo fue también Intensamente y Monsters Inc., curiosamente las tres dirigidas por Pete Docter.

 


miguel villa

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